La sequía y el calor exacerban los incendios forestales

Prensa Ecosocialismo y Aguas / Inameh/ Caracas, 13/08/2018.-El verano extraordinariamente caluroso y seco que está haciendo en algunos lugares del hemisferio Norte ha convertido los campos y bosques en pasto para los incendios que están asolando desde la región ártica hasta la zona del Mediterráneo y la costa occidental de América del Norte. Estos incendios han provocado decenas de víctimas mortales y están devastando extensas regiones, con repercusiones de gran envergadura para el medio ambiente, los ecosistemas, la salud humana y el clima.

La excepcionalidad de estos incendios es que son inhabituales en algunas de las zonas afectadas, por ejemplo Escandinavia. Los avances en la tecnología satelital han permitido una mejor vigilancia de este fenómeno que hasta la fecha.

Además de la amenaza directa derivada de la combustión, los incendios forestales también emiten contaminantes nocivos para la salud humana y los ecosistemas. En las proximidades de las llamas, el humo dimanante supone una amenaza para la salud porque contiene una mezcla de gases peligrosos y pequeñas partículas que pueden causar irritación en los ojos y en las vías respiratorias.

Los efectos de la exposición al humo y su inhalación varían desde la irritación ocular y respiratoria hasta trastornos más graves, tales como el deterioro de la función pulmonar, la bronquitis, el exacerbamiento del asma y la muerte prematura. según la Organización Mundial de la Salud, la exposición a las partículas en suspensión constituye la principal amenaza para la salud pública derivada de la exposición de corta duración al humo de los incendios forestales.

Los incendios de vegetación desprenden a la atmósfera grandes cantidades de partículas en suspensión y gases tóxicos, con inclusión de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos distintos del metano, que son objeto de mediciones detalladas efectuadas por numerosas estaciones del Programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG). Esas mediciones son fundamentales para los pronósticos, la investigación sobre la composición de la atmósfera y el establecimiento de sistemas de alerta.

Los incendios forestales y el cambio climático

El hemisferio norte se está calentando más rápido que el resto del planeta. Ese calor seca los bosques e incrementa el riesgo de incendio. Según un reciente estudio, los bosques boreales de la Tierra se están quemando a un ritmo sin precedentes desde hace al menos 10.000 años.

En su quinto informe de evaluación, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático afirmó que la frecuencia y el alcance de los incendios forestales en Europa Meridional habían aumentado significativamente tras los años setenta a causa de la acumulación de combustible, el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos. No obstante, en el conjunto de la región del Mediterráneo, la superficie incendiada total ha disminuido desde 1985 y la cantidad de incendios se ha reducido entre los años 2000 y 2009. Se prevé que el riesgo futuro de incendios se incremente en Europa Meridional. 

Los incendios forestales también emiten dióxido de carbono a la atmósfera, lo que contribuye al aumento del calentamiento global. A título de ejemplo, en 2015 fueron arrasadas por el fuego en Indonesia unos tres millones de hectáreas durante la estación seca, cuya duración e intensidad superaron los promedios a causa de El Niño. Según las estimaciones, los incendios que tuvieron lugar en septiembre y octubre de 2015, hasta el inicio de la estación de las lluvias, emitieron diariamente cerca de 11,3 teragramos (billones de gramos) de CO2. A título comparativo, la emisión diaria de CO2 derivada de la quema de combustibles fósiles en la Unión Europea se sitúa en 8,9 teragramos.

En 2014, los megaincendios en el Canadá quemaron más de 2,8 millones de hectáreas de bosques, con la consiguiente emisión de más de 103 millones toneladas de carbono a la atmósfera —la mitad de la cantidad total que suelen absorber los árboles y plantas del país a lo largo de un año, según un nuevo estudio de la NASA.

Prensa Ecosocialismo y Aguas / Inameh / Fuente (OMM)

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